¿Qué es el asma?

El asma es una enfermedad que afecta a las vías respiratorias, que son los tubos que transportan el aire dentro y fuera de los pulmones. Cuando una persona con asma entra en contacto con algo que irrita sus vías respiratorias (un desencadenante del asma), los músculos que rodean las paredes de las vías respiratorias se contraen y estas se hacen más estrechas, lo que provoca que las paredes se inflamen y comiencen a hincharse. A veces, se crean mucosidades o flemas viscosas que pueden irritar aún más las vías respiratorias.

Se estima que el asma afecta a aproximadamente 300 millones de personas en todo el mundo y a 30 millones de personas en Europa. Para la mayoría, el asma es una enfermedad de por vida, sobre todo si comienza en la edad adulta. Sin embargo, cuando la enfermedad se diagnostica siendo niño, esta puede llegar a mejorar o desaparecer por completo a medida que se va creciendo. Aunque puede volver a aparecer si se dan situaciones que la provoquen, como la menopausia, el estilo de vida o los cambios de entorno, como un lugar de trabajo nuevo, que implica estar expuesto a más desencadenantes.

Estas reacciones hacen que las vías respiratorias se estrechen y se irriten, lo que dificulta la respiración y conlleva síntomas asmáticos como tensión torácica, sibilancias o tos.

El asma es una de las cinco enfermedades crónicas más frecuentes a nivel mundial, junto con las afecciones cardíacas, el derrame cerebral, el cáncer y la diabetes.

World Health Organisation

¿Qué es el asma grave?

Aunque es difícil de definir, el asma grave es un problema cada vez más frecuente y complicado de resolver, tanto para los pacientes como para los sistemas sanitarios. Existen varias definiciones de esta enfermedad crónica, pero la definición más extendida del asma grave ha sido establecida por un grupo de trabajo formado por la Sociedad Respiratoria Europea (ERS) y la Sociedad Torácica Estadounidense (ATS). Estas asociaciones han definido el asma grave como “el asma que requiere un tratamiento con una alta dosis de corticoesteroides inhalados (ICS) y un segundo control (y/o corticoesteroides sistemáticos) para evitar la "pérdida de control" o que el ataque siga "descontrolado" a pesar del tratamiento”.

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